Ahora reconozco el tiempo perdido,


No porque se haya desperdiciado, sino porque pensé que comprenderías, pero estoy atado de manos, y garras de acero y aguijones atraviesan mi garganta, por una condena auto infligida, perdí lo que mas quería, lo que mas ame, para ser eterno, por amor a quien no puede leer mis ojos ni entre líneas en las palabras que mi garganta logra pronunciar.

Reconozco el tiempo perdido, pues cometí el error de mirar atrás, aun para alguien eterno, es un error, cuando se recuerda la sangre derramada en batallas implacables, en guerras imposibles, el dolor de ver a colegas y amigos quedarse en el campo y el camino, gritando “no te detengas”, “ promete que habrá valido la pena”, y su muerte siempre valió la sangre que derramaron, la vida que perdieron, el sacrificio de su vida, por los suyos, confiando en alguien que no teme a la muerte, que la reta y se expone a ella, no porque sepa que no morirá, sino porque espera alcanzarla algún día, bajo el perdón.

Cometí el error de abrir mi armadura, por quien no valió la pena, y fui brutalmente castigado bajo las llamas de un sol infinitamente lejano, se me devolvió mi humanidad, pero se arranco de mi la capacidad de morir, las alas que en mi espalda brillaban bajo las estrellas, fueron arrancadas por mis propias manos, el pecado que cometí, el pecado imperdonable que cometí y que no se paso por alto, pues no quise ver la realidad, una coincidencia, solamente eso, y dos mas, y pensé que eso era suficiente.

Ahora reconozco que perdí, no solo la indiferencia para vivir en este mundo, sino el valor para vivir en el, porque ahora soy un ciego al que se expone a la luz, mi piel se quema bajo el sol, y no encuentro la oscuridad que me proteja, fue tanto tiempo, y perdí lo que mas ame, esa mujer, aquel hogar que nunca conocí y que sin embargo extraño en el alma. Perdí por completo mi poder, mi armadura, mi capacidad para olvidar y avanzar sin mirar atrás jamás.

Porque fracase al tratar de enseñar a un corazón inexperto y necio a ver a través de la oscuridad escondida de cada persona, porque no escucho el ruego de mi voz callada, porque no supo ver a través de la negrura de la mirada que la vigila y protege sin que se percate de nada en absoluto. Por eso perdí, por eso ahora vago por este mundo sangrando eternamente, sin alas para escapar a otro universo, sin la fuerza para alcanzar una estrella y ahogar mi pena en el silencio eterno, sigo contemplando como se marcha lejos de mi, como me olvidara en un segundo mientras encadenado quedare en este absurdo mundo que desprecio con toda el alma, en el que me quede, solo por ella, que ahora se va, que ahora me olvida, que jura recordarme pero ya me ha olvidado para siempre, cuanto tiempo perdido, cuanta sangre derramada, y para nada.

Ni los demonios que llevo prisioneros en mi pecho ni los que mortalmente heridos con mi espada batallaron conmigo durante meses, sin dormir, sin parar, valen nada, otro se roba el tesoro de una vida, y solo podré verla morir, solo podré verla marchitarse sin poder hacer nada, sin poder morir, sin poder escapar a mi destino.

Tanto tiempo perdido, y mil años no son nada.

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