Doloroso amanecer.


4 de agosto de 2009,

Hoy no fue un día de tantos, la semana pasada mi alma estuvo intranquila, angustiada, pero en mi mente había un mar de dudas, mi corazón no quería aceptarlo, o mejor dicho, no quería ver, y prefería dudar.

El teléfono me despertó de mi profundo sueño surrealista, que apenas recuerdo, demasiados clones, dolor y un escape apenas probable, sonó el teléfono nuevamente y el identificador de llamadas no reconocía el numero, por lo tanto, marco fuera de área.

Era ella, a quien vine una vez, aun herido de muerte, aun moribundo y con profundo dolor en el alma y en la mente, acudí en su ayuda, para consolarla, sin embargo, me mantuve a distancia para que no me tocara y abriera las heridas apenas cerradas una hora antes, pero le di los últimos vestigios de mi calor en una noche fría, su noche helada.

Le infundí la poca fuerza que me quedaba en mi cuerpo que se desmoronaba con mi respiración, no debí, lo se, no debí venir, pero ella me necesito, y como guerrero que soy, no pude faltar a mi juramento, aunque la vida se me acabara en ello.

Aun me duele a morir, y ella ni siquiera lo nota, no le importo, una vez que sus alas tuvieron fuerza para volar, se marcho sin decir adiós, se marcho sin mirar atrás, sin remordimientos ni dudas. Pero no fue suficiente haberme engañado, haciéndome creer que mi amistad le importo, martes 4 de agosto, otro doloroso día en la vida de un poeta guerrero que no puede morir.

“Te llame solo para decirte que me he marchado, hace días que partí y ahora vivo en otro país, quise decírtelo, pero lo olvide.”

Esta vez no se congelo mi sangre, solo sentí la saeta que atravesó mi alma precisamente a un centímetro de la ultima vez que casi acaban conmigo, y como aquella ocasión, el insoportable dolor de tener que sacarla de mi pecho atravesando mi corazón, antes que el veneno en mis venas quemara el poste dejando la punta en corazón.

Su voz, solo mostró un leve nerviosismo, no por que supiera lo que pasaría, sino que esperaba que nadie escuchara la conversación, su amante llegaría pronto, para ella fue solo un día mas, un “hola, ¡que tal!” un hasta pronto y nada mas.

No significo nada para ella, ni mi tiempo, ni el calor que le regale, ni el cariño que le mostré, mucho menos la amistad que como estúpido le di.

Ahora me despido para siempre de ella, la dejo en su feliz mundo de papel, me marcho lejos, sigo mi camino dejando negras gotas que queman el suelo a mi paso, un rastro que se confunde con simples marcas de un agijón.

Y es a mi a quien le duele esta maldita decepción, es a mi a quien hiere y infunde un insoportable y asfixiante dolor por haber dicho adiós para siempre.

¿Por que me duele a mi? si no soy yo quien traiciono y abandono a un amigo herido en el campo de batalla. ¿Sera la realidad que estoy viviendo? la que nadie puede ver, ¿sera acaso que ya no podre ser la barrera que impedía que los demonios llegaran a ella para devorarla y destrozar su vida?

¿Por que me duele a mi esta despedida, si mi alma esta muerta y mi corazon ya no existe?

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