Sumido en la penumbra.


Agosto 6 de 2009.

Continuo con la bitácora que inicie el día 4 de agosto, ayer, no me quedo animo para nada, ese mismo día, había quedado de comer con alguien que empezaba a conocer, me costo trabajo volver a ser el hipócrita que ocultaba sus peores momentos del resto del mundo, casi no recordaba la fuerza y la energía que se requería para mostrar una sonrisa sincera y “espontanea” para que no supieran lo que estaba viviendo.

No tuve ánimos de trabajar, sentía unas ganas enormes de desahogarme, de llorar como llora la tormenta furiosa, pero fui incapaz, como incapaz fui hoy de llorar, y quería hacerlo, quería desahogar mi alma y limpiar al menos un poco mi apesadumbrado corazón, vomitar el exceso de veneno corrosivo que llevo en mi interior, que corre por mis venas.

Hoy un imbécil se atravesó a mi paso en el trafico, no tenia ánimos para discutir, pero el impertinente pelmazo se empeño en seguir insultando por un rose insignificante, “¿no eres de aquí, verdad?” me dijo, haciendo alusión a la zona que según él era de notable plusvalía, haciendo alusión a su nivel social, sin saber que esa zona fue un basurero, y las insignificantes casas demasiado incomodas.

Si, si vivo aquí, pero mas arriba -le dije, asiendo hincapié en el nivel social que esa área, mucho mas arriba que la suya representaba- sin embargo, por ser tan imbécil siguió pidiendo que me bajara del automóvil, cosa que no quería hacer, pero acercar la cara a mi ventanilla y querer ingresar me obligo a dejar sin rienda la ira que traía guardada por aquella mañana de martes de agosto, cuando aquella a quien crei mi amiga, quien tomo todo de mi, me informo que se había marchado.

Apreté el cuello de aquel pobre diablo, se sorprendió de la fuerza que tome, abrí la puerta y rompí su balance, tomando su cabeza de los cabellos, lo azote con fuerza a su propio vehículo, volví a asfixiarlo con mi mano y a amenazarlo con mi puño cerrado, se sorprendió ver en mi mirada la firme decisión de arrancarle la vida.

La próxima vez, no tendrás tanta suerte” le dije a la vez que lo azote nuevamente contra su automóvil y lo tire al piso, “lárgate y que no te vuelva a ver” le dije a la vez que le di la espalda, y subí a mi auto, nuevamente, me fui aun con ganas de haberle quitado la vida al pobre imbécil, pero luego recapacite en que el individuo no tenia culpa de lo que yo quería hacer.

Cuando volví a casa, comence a golpear las paredes, con fuerza, a patear el muro y la columna del marco de la puerta, esperando que el dolor me hiciera llorar, pero no sentí dolor, mis nudillos sangrantes manchaban la pared, y me detuve, me lave y limpie el desorden.

Nuevamente sentí el impulso de llorar al sentir la abrumadora tristeza de mi fracaso, la traición de alguien que me importaba tanto como para seguir viviendo para poder protegerla hasta mi ultimo aliento.

Pero no pude, no puedo, y el tiempo me impacienta, no tengo ánimos ni cabeza para trabajar, ni para pintar o ver a nadie mas.

Sigo esperando el tiempo de la catarsis para poder liberar mi alma del dolor, la tristeza y la ira.

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